Bután, el Reino del Dragón

Erase una vez un pequeño reino en el Himalaya, que decidió hacer las cosas de otra manera. 

Lo primero que pensaron es que el desarrollo de su país no podía medirse sólo por indicadores económicos, sino que debía hacerse en función de la felicidad y bienestar de sus habitantes. Y para ello crearon el índice de Felicidad Nacional Bruta, que defiende que el verdadero desarrollo de una sociedad, se produce cuando los avances entre lo material y lo espiritual se complementan y refuerzan uno a otro. 

Este planteamiento se explica, por un lado, por la enorme influencia budista y por otro por el retraso en la apertura del país al mundo. La ausencia de moneda o teléfono hasta 1960, o de televisión e internet hasta 1999, lo convierten en un caso único en el mundo. Este retraso permitió a Bután, un pequeño país entre dos gigantes como China e India, aprender de los errores de sus vecinos que se han centrado exclusivamente en el progreso económico, y diseñar un modelo de desarrollo diferente al del cualquier otro lugar en el planeta.

Cuando visitas Bután, entiendes su concepto de felicidad en toda su dimensión. Uno de los pilares de su felicidad es la conservación del medio ambiente, y descubres un espectacular país casi intacto, con una gran biodiversidad, que modificó su constitución para garantizar que el 60% de su superficie se mantiene área forestada para todos los tiempos. Seguramente esta es una de las razones por la que es el primer país a nivel mundial con Huella de Carbono negativa (absorben más de 6 millones de toneladas de CO2 anualmente, mientras consumen sólo 1.5 millones de toneladas), y además para 2030 se proponen alcanzar la cifra 0 en la producción de CO2

Otro de los pilares, es la conservación de sus tradiciones culturales y lo compruebas cuando visitas sus valles, sus pueblos y sus comunidades, cordiales y hospitalarias, orgullosas de su país y su cultura. 

En pleno siglo XXI, viajar a Bután ha sido para mí como sumergirme en un increíble viaje en el tiempo donde el azul del cielo, los preciosos valles, los miles de pequeños monasterios y la sonrisa de sus gentes, me ha atrapado…para siempre. 

Raquel González, Directora de programas en AIPC Pandora.

 

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