Descubrí por casualidad el Servicio del Voluntariado Europeo y me pareció que era perfecto para alguien sin experiencia que quiere ser voluntario sobre el terreno: Un proyecto de seis meses, con el viaje pagado y dinero de bolsillo en un país extranjero. Así que decidí, sin pensármelo, irme a Rumanía, un país del que tampoco sabía mucho. Sabía que había tenido un comunismo sui generis y que la inmersión en la UE y el capitalismo no les había hecho despegar. En resumen, la experiencia era un misterio encerrado en otro misterio: Ni idea de lo que iba a hacer en un país del que no tenía ni idea.